El viejo árbol
El viejo árbol en la noche sin luna,
sólo deja ver una sombra gigantesca.
Esa sombra parece un gigante,
con sus enormes brazos extendidos,
dispuesto a atraparme en un mortal abrazo.
De día es totalmente diferente;
sus ramas son refugio de muchos pajaritos.
sus fuertes raíces me sirven de asiento,
cuando deseo estar a solas,
sin que nadie invada mi espacio.
Entre el murmullo de sus hojas,
que el viento suavemente acaricia,
y el cantar de las aves que su espacio habitan,
puedo pasar las horas leyendo en su silencio,
adivinando su sueños y su íntima historia.
El viejo árbol que de día me subyuga,
y me da de su espacio y de su paz,
de noche se transforma,
en la sombra más grotesca y voraz,
y no puedo acercarme y estar a solas.
Deixter A. Méndez
22 de noviembre de 2008
El viejo árbol en la noche sin luna,
sólo deja ver una sombra gigantesca.
Esa sombra parece un gigante,
con sus enormes brazos extendidos,
dispuesto a atraparme en un mortal abrazo.
De día es totalmente diferente;
sus ramas son refugio de muchos pajaritos.
sus fuertes raíces me sirven de asiento,
cuando deseo estar a solas,
sin que nadie invada mi espacio.
Entre el murmullo de sus hojas,
que el viento suavemente acaricia,
y el cantar de las aves que su espacio habitan,
puedo pasar las horas leyendo en su silencio,
adivinando su sueños y su íntima historia.
El viejo árbol que de día me subyuga,
y me da de su espacio y de su paz,
de noche se transforma,
en la sombra más grotesca y voraz,
y no puedo acercarme y estar a solas.
Deixter A. Méndez
22 de noviembre de 2008


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