La vieja Ceiba
Quiero escribirle a aquella vieja Ceiba,
Que conoce los llantos,
De todas las especies,
Que han quedado atrás.
A aquellas legendarias raíces,
Tan llenas de historia,
Donde de niña,
Solía ir a jugar.
Ellas también conocen,
De aquel primer beso,
De niña inocente,
Que también quedo atrás.
La vieja y sabia Ceiba,
Que mucho la envidio,
Por todo lo que sabe,
Y sabe guardar.
Si a mi me contara,
Sus múltiples secretos,
¿Sería yo como la Ceiba
Legendaria y sagaz?
Quiero escribirle al campo,
A aquella vieja Ceiba,
¿Si quisiera consigo,
Mis secretos guardar?
Le contaría a ella,
De todo lo vivido,
Los momentos más tristes,
La alegría fugaz.
Si en silencio me escuchara,
Y guardara consigo,
Lo que pienso y no digo,
Y que aún me hace llorar.
Entre sus longevas raíces,
Quedarían por siempre ocultas,
Mis tímidas lágrimas,
Junto a mi intenso pesar.
Sería mi cómplice secreto,
De todo lo vivido,
Sus hojas mudos testigos,
Que no pueden hablar.
Ahora que me encuentro,
Tan cerca del final,
¿Guardará la vieja Ceiba los ayes,
Que antaño le narré?
Y entre sus raíces,
Quedarán enterradas,
Las lagrimas,
Que en mi dolor derramé.
Cuando mis nietos en sus raíces jueguen,
Como antaño lo solía yo hacer,
Ella será la confidente de sus cuitas y sino,
Sus lágrimas y risas estarán por doquier.
Deixter A. Méndez
1 de noviembre de 2007
Quiero escribirle a aquella vieja Ceiba,
Que conoce los llantos,
De todas las especies,
Que han quedado atrás.
A aquellas legendarias raíces,
Tan llenas de historia,
Donde de niña,
Solía ir a jugar.
Ellas también conocen,
De aquel primer beso,
De niña inocente,
Que también quedo atrás.
La vieja y sabia Ceiba,
Que mucho la envidio,
Por todo lo que sabe,
Y sabe guardar.
Si a mi me contara,
Sus múltiples secretos,
¿Sería yo como la Ceiba
Legendaria y sagaz?
Quiero escribirle al campo,
A aquella vieja Ceiba,
¿Si quisiera consigo,
Mis secretos guardar?
Le contaría a ella,
De todo lo vivido,
Los momentos más tristes,
La alegría fugaz.
Si en silencio me escuchara,
Y guardara consigo,
Lo que pienso y no digo,
Y que aún me hace llorar.
Entre sus longevas raíces,
Quedarían por siempre ocultas,
Mis tímidas lágrimas,
Junto a mi intenso pesar.
Sería mi cómplice secreto,
De todo lo vivido,
Sus hojas mudos testigos,
Que no pueden hablar.
Ahora que me encuentro,
Tan cerca del final,
¿Guardará la vieja Ceiba los ayes,
Que antaño le narré?
Y entre sus raíces,
Quedarán enterradas,
Las lagrimas,
Que en mi dolor derramé.
Cuando mis nietos en sus raíces jueguen,
Como antaño lo solía yo hacer,
Ella será la confidente de sus cuitas y sino,
Sus lágrimas y risas estarán por doquier.
Deixter A. Méndez
1 de noviembre de 2007


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